La resaca de un naufragio – Eduardo Mercau

La resaca de un naufragio

Eduardo Mercau

Teofilo, hombre de artes negras, artes del sabotaje y del asesinato silencioso, tiene una nueva misión y la punta de un ovillo inmerso en el lodo. Y surgirán: El general Ochoa y los hermanos de la Guardia. Roman Mancebo, responsable de la Colina, Comando de Operaciones en Centroamerica. Merlí­n, un doble agente. La CIA, la DEA, El Mossad. Jairo Denis su red y las estructuras cubanas en Panamá, el Departamento América en la Habana. Noriega y Bush. Abel en Parí­s. Un doble agente cubano de inteligencia, Mario Estevez ¿ahora Marcial Quijadas en Barcelona? vinculado a Posada Carriles. El MRTA último baluarte guevarista. Augusto, enlace de la inteligencia cubana, asesor ministerial en Nicaragua; en el Salvador. Johnny Crump traficante protegido de la DEA, junto con Jaime Guillot. Ex-revolucionarios y contra-revolucionarios bajo las ordenes del dinero, Guatemala, El Salvador, Panamá, Cuba, Perú, Chile, Uruguay, Costa Rica, Nicaragua, espías de aquí, de allá y de acullá. Agentes de los dos bandos, topos: agentes de penetración profunda, doble agentes, sapos, traidores y París, son el escenario y los protagonistas de una transferencia de la empresa más sórdida y fantasma que aún permanece en el olvido de la memoria histórica.
Nombres y hombres conocidos, hechos y desechos vividos en nuestra historia latinoamericana, con verdades que son mentiras y viceversas, con sorpresas y sobresaltos, pero que ante todo, al lector, al igual que al personaje, lo alcanzará una sensación de búsqueda de lo más hermoso, lo más maravilloso del hombre, la búsqueda de la verdad. Porque si en nombre de la religión, del secreto de Estado, de la unión del partido, de la imagen hacia afuera, se enarbola la rotosa bandera de la mentira, con el engaño, la traición y los intereses económicos, todo eso -cuando se quiere construir una sociedad más justa-, todo, es decir: la religión, el Estado, el partido, el paí­s y el hombre se pueden ir bien a la mierda, porque sin una moral revolucionaria nada tiene sentido.

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La resaca de un naufragio

Eduardo Mercau

Teofilo, hombre de artes negras, artes del sabotaje y del asesinato silencioso, tiene una nueva misión y la punta de un ovillo inmerso en el lodo. Y surgirán: El general Ochoa y los hermanos de la Guardia. Roman Mancebo, responsable de la Colina, Comando de Operaciones en Centroamerica. Merlí­n, un doble agente. La CIA, la DEA, El Mossad. Jairo Denis su red y las estructuras cubanas en Panamá, el Departamento América en la Habana. Noriega y Bush. Abel en Parí­s. Un doble agente cubano de inteligencia, Mario Estevez ¿ahora Marcial Quijadas en Barcelona? vinculado a Posada Carriles. El MRTA último baluarte guevarista. Augusto, enlace de la inteligencia cubana, asesor ministerial en Nicaragua; en el Salvador. Johnny Crump traficante protegido de la DEA, junto con Jaime Guillot. Ex-revolucionarios y contra-revolucionarios bajo las ordenes del dinero, Guatemala, El Salvador, Panamá, Cuba, Perú, Chile, Uruguay, Costa Rica, Nicaragua, espías de aquí, de allá y de acullá. Agentes de los dos bandos, topos: agentes de penetración profunda, doble agentes, sapos, traidores y París, son el escenario y los protagonistas de una transferencia de la empresa más sórdida y fantasma que aún permanece en el olvido de la memoria histórica.
Nombres y hombres conocidos, hechos y desechos vividos en nuestra historia latinoamericana, con verdades que son mentiras y viceversas, con sorpresas y sobresaltos, pero que ante todo, al lector, al igual que al personaje, lo alcanzará una sensación de búsqueda de lo más hermoso, lo más maravilloso del hombre, la búsqueda de la verdad. Porque si en nombre de la religión, del secreto de Estado, de la unión del partido, de la imagen hacia afuera, se enarbola la rotosa bandera de la mentira, con el engaño, la traición y los intereses económicos, todo eso -cuando se quiere construir una sociedad más justa-, todo, es decir: la religión, el Estado, el partido, el paí­s y el hombre se pueden ir bien a la mierda, porque sin una moral revolucionaria nada tiene sentido.

ISBN

978-987-1895-12-0

Páginas

254

Año

2013